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Mitos - Leyendas
LOS GEMELOS Y LOS TIGRES
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En aquellos tiempos de los antiguos, la gente indígena no conocía a Dios, pero apareció un señor que se llamaba Aguará (zorro) Tumpa (Dios) que en realidad no era persona sino Dios. Y vino a este pueblo y se dio cuenta de que había mucha gente a la que llamaba y juntaba. Aguará se transformaba en zorro, y se volvía a convertir en Dios; volvía a deshacerse delante de la gente, se hacía invisible. Fue así que la gente comenzó a creer en él creyendo que les iba a dar cosas buenas. La gente obedecía (como lo tomaba por Dios). Pero este zorro tan astuto provocaba peleas entre la gente. La gente peleaba, pero creía que era otra cosa, la paz, la tranquilidad. Y así la gente pasaba peleando; no había paz porque administraba Aguará Tumpa.
30-11-2017 16:16:36 | Mitos - Leyendas
nota

            El mismo zorro se había transformado en Dios, y en ese momento en que había mucha pelea vino el que se llamaba Tatú Tumpa que se transformaba en Dios también. Tatú Tumpa quiere decir Rey de todos los quirquinchos. Se transformó en Dios y se puso en contra del zorro. Todos se peleaban, también el Aguara Tumpa con el Tatú Tumpa. Como el Tatú Tumpa lo venció le dijo a la gente "Yo seré rey de ustedes".

            Y había una chica (Iñatáy) que era como una mujer princesa (Burubícha); entonces, Tatú Tumpa comenzó a mirar a la chica y más tarde se comprometió con ella. Luego Tatú Tumpa comenzó también la pelea entre los dioses. Y la gente no sabía a cuál de los dos creerle, no sabía porque para ellos eran muchos dioses.

            La mujer huyó y ya iba encinta. Huyó de la presencia de todos los guerreros de la guerra. Mientras la gente peleaba, ella escapó porque no quería que sus padres se enteraran de que estaba encinta. La mujer huyó sin saber adónde ir, vagando por el desierto, desorientada. Caminó por el desierto, sin agua, sin qué comer; solamente la acompañaban sus lágrimas. Lloraba mucho y pensaba por qué había dejado su hogar; ella siente que es hija de un príncipe.

            Ellos creían que los Tumpas eran dioses verdaderos, pero en realidad eran falsos dioses, cuyo único interés era hacer que la gente les creyera y les obedeciera.

            Entonces la mujer se encuentra en el monte. Mientras va viajando por el desierto el chico va creciendo, cada vez más. Caminó varias semanas por el monte, desorientada; no tenía hambre pero tenía fuerzas. Caminó meses y meses por el monte. No encontró a quién pedir auxilio y su único auxilio eran sus dos hijos mellizos.

            La mujer se sentó debajo de un árbol y lloró. Al rato, uno de los chicos habló dentro del vientre de la madre:

            - ¿Por qué lloras, mamá?

            Miró la madre y no sabía qué hacer.

            - ¿Quién me habla?

            - Yo soy, y aquí también está mi hermano... Sigamos viajando.

            Y la mujer agarro un bastoncito y comenzó a caminar por el camino. Mientras caminaba vio agua. Sentía como si los chicos estuvieran jugando ya, pero adentro.

            - Mamá-le dice uno- mire, allí hay una flor tan hermosa... Démela, córtela.

            La madre le pregunta dónde hay que poner esa flor y el chico le contesta: "en tu seno". El otro le dice:

            - Mamá, yo también; hermano, yo necesito también una flor, démela.

            - Pero yo saqué ésta -dice la mamá-.

            - Pero yo también necesito -dice el otro chico-. Entonces la madre cortó otra flor y siguieron adelante. Así, cada vez que van caminando por el camino veía flores, y veía pájaros que la siguen a la mujer.

            Luego va caminando y mientras camina uno de los chicos le dice:

            - Mamá, dame otra flor.

            Pero en el seno de la mujer no había lugar donde poner más flores. Y allí está la equivocación de la mujer:

            - Mire, hijo, hasta este momento no he visto su cara y me pide flores; yo no sé dónde ponerlas. Así había reprendido a los chicos, que se enojaron.

            Y se enojaron los chicos. Antes, cuando la madre les preguntaba por cuál camino debían seguir, ellos le avisaban; además, ellos avisaban dónde estaba el peligro. Pero cuando les ha dicho que ya tienen muchas flores los chicos se enojaron. Y cuando llegaron al cruce de dos caminos, la madre les preguntó cuál camino debían seguir; los chicos no le contestaron. Se cansó la pobre mujer de preguntarles pero los hijos no le dieron respuesta. Entonces la madre se enojó con los mellizos.

            La madre se equivocó de camino; había dos caminos y en vez de tomar el camino de la derecha tomó el de la izquierda. Así llegaron a un pueblo donde había dragones que eran dioses. En realidad no eran dragones sino tigres (Tigre - yagua). Los tigres tienen una capa que los hace transformar en tigres. Y allí llegó la pobre mujer desorientada. Y había una viejita tigra que era la madre de todos los tigres.

            Era un pueblo muy grande. La tigra vieja le dice a la mujer:

            - ¿Por qué has llegado a esta hora?

            La mujer dice llorando:

            - He salido de mi hogar sin saber adónde ir; he pasado miles de años caminando.

            - Hija, pase -le dice la viejita-. Pero es una tigra, la madre de todos los demás. La vieja le dice que todos sus hijos son malos; a la gente que llega a ellos la comen, y empezó a trenzar varillas y las colgaron arriba, como a cuatro "metros de altura, y allí escondieron a la mujer. Hicieron como un encatrado, y la metieron a la mujer. La tigra dijo que no se moviera y que no hablara, porque en seguida iban a llegar los tigres, a las doce en punto. Los tigres son gente mala, y después de pasar veinte minutos llegaron.

            Llega el primer tigre, se saca los zapatos, la madre le pregunta por su hermano. El tigre responde que ahí viene. Después llegaron todos los tigres. El último en llegar tenía dos cabezas. El tigre de dos cabezas era el que mandaba a todos los demás, era el más importante, el que administraba todo.

            Llegó ese tigre de dos cabezas a acostarse con la madre.

            - Estoy cansado, mamá -dice -. Y tiene una cabeza alerta y otra durmiendo.

            Mientras, a la chica le va saliendo leche, goteando, y la mujer anciana desconfiaba de los hijos. Cada vez que goteaba la mujer se limpiaba. A la tercera gota el tigre comenzó a olfatear y le dice a la madre:

            - Acá hay alguien, mamá.

            La descubrieron y la bajaron para comerla. La han terminado de comer y la mujer anciana les dice que no toquen el vientre, y que le den todo lo que tiene:

            - Todo dénmelo y hagan lo que ustedes quieran con la carne.

            La anciana les mezquinaba; los tigres querían comer todo, hasta el hígado, pero la viejita lo agarraba todo y lo metía dentro de alguna vasija, escondiéndolo. Entonces allí ella cuidaba a los hermanitos. Cuidó bastante a esos dos chicos.

            Cuando se fueron los más de cincuenta mil tigres otra vez buscando comida, la vieja comenzó a revisar y encontró dos chicos, dos varoncitos. La vieja comenzó a cavar y a sepultar las tripas; entonces allí encuentra a los dos varoncitos, los atendió y los chicos seguían creciendo. Ya tenían como cuatro o cinco años, eran muy inteligentes. Siempre vivían escondidos los mellicitos. Los chicos dicen:

            - Nosotros tenemos que vencer.

Luego, más o menos tenían como siete u ocho años, cuando los dos varoncitos salieron para el desierto (ñu), donde hay aves, pájaros, y podían cazar. Sacudían los árboles y caían como docenas de pájaros.

            Otra vez vuelven a la ciudad de los tigres. Al llegar le traían a la viejita un montón de aves (hwuira), y las comieron. Alimentados, los dos hermanitos conversaban y se preguntaban:

            - Y nuestro padre, ¿quién será?, y nuestra madre, ¿quién será? Nosotros no sabemos, solamente conocemos a la viejita; ella es nuestra madre, siempre nos esconde.

            Se volvían cada vez más inteligentes.

            Al otro día se fueron mucho más adentro en el monte; no volvieron a la hora indicada sino más tarde. Pasaron tres semanas, recorrían más; cada vez más lejos. Un día llegaron donde se encuentra otro dios que se llama Wira Tumpa, que es el dios de los pájaros. Los pájaros les preguntan a los chicos por qué mataban pájaros:

            - Con nuestra propia carne los llevan a alimentar a los traidores que mataron a tu madre.

            Y los chicos se quedaron tristes.

            - Miren, adonde ustedes mismos viven, ellos son los tigres los que han matado a su madre.

            Y ahí les contaban:

            - Cuando ustedes eran nenes, ustedes se enojaron con su madre...- y les cuentan lo ocurrido.

            - Pobre su madre, ha sufrido bastante, miles de años por el desierto... Los chicos quedan llorando y preguntando qué es lo que deben nacer; los pájaros dicen que deben hacerse armas (Wirat). El dios de los pájaros les dice que vuelvan otra vez. Los chicos estaban tristes, desorientados, y la viejita no los dejaba que fueran muy lejos. Y les dijo cuando llegaron:

            - ¿Por qué vienen tan tristes?, ¿por qué no han traído ninguna clase de pájaros?

            Los mellizos le preguntan:

            - Mi padre y madre, ¿quiénes son? y nuestra madre ¿dónde está? - ellos quieren saber-. Nosotros somos huérfanos, no tenemos ni nombre, nosotros tenemos que vengar la muerte de nuestra madre.

            - Puede ser en la mano de ustedes- dijo la viejita a los chicos.

            Los chicos dijeron a la viejita:

            - Volvemos mañana- y esa misma tarde salieron los chicos al desierto. Otra vez en el desierto los chicos se encontraron con los pájaros e hicieron una asamblea; se reunieron miles de pájaros. Les contaron a los chicos:

            - Nosotros acompañamos a su mamá, ustedes hicieron cansar a su mamá y su madre les dijo: "o estoy cansada", y por eso ustedes se enojaron.

            Los pájaros les decían:

            - Háganse flechas, arco, espadas y un garrote.

            Y luego les enviaron una espada. El dios de los pájaros les dice que deben encontrar una medalla que había pertenecido a su madre, se la habían regalado antes de que huyera. Wira Tumpa da una pala para que encuentren la medallita; los mandó hacer arcos y flechas y les dio instrucciones para hacerlos, para pelear y para defenderse.

            Se fueron, pobres, otra vez a la casa de la tigra los dos mellizos. Allí llegaron tristes, con pena.

            Al llegar le dicen a la tigra:

            - Mire, tus hijos han matado a nuestra madre y nosotros la vamos a vengar.

            - ¿Quién les contó? -dice la vieja.

            - También sabemos que usted la guardó -dicen los chicos.

            - Sí, la tengo, no lo voy a negar, y se la voy a dar.

            Y la vieja les da una cadenita como hilo con una medallita, y la punta se estiraba como doce metros. Los chicos tiraban y volvía a encogerse.

            Los dos mellizos salieron otra vez al desierto; hicieron una reunión con todos los pájaros, allí les dieron instrucciones. Los mellizos eran jóvenes, tenían una espada muy grande, tenían más o menos dieciséis o diecisiete años, ya son grandes varones. Los pájaros les dicen:

            - Ahora ustedes ya están armados para la guerra y tienen que ir a un bebedero donde los tigres van de mañana y después de tomar agua se van a dormir.

            Cuando los mellizos se escondieron, uno para la derecha y el otro para la izquierda, cada uno con una espada.

            A eso de las ocho de la mañana llega el primer tigre a tomar agua. Allí le cortaron la cabeza, y así van matando a los tigres cada vez que van llegando al bebedero. Hasta que llega el primer jefe de los tigres que tenía dos cabezas y que está más alerta que los demás: con una cabeza estaba alerta y con la otra tomaba agua. Enseguida salió hacia la luna. Allí tenía defensa. Por detrás lo persiguen los dos jóvenes que lo querían alcanzar, y cuando lo alcanzaron le cortaron un pedazo de cola. Y cada vez más se alejaba el tigre de ellos y le iba saliendo sangre.

            La luna era una reina, una diosa con una vestimenta muy linda y muy larga. Era como una mujer luna. Y allí llegó el tigre con una sola cabeza y la luna le dijo:

            - Póngase bajo mi vestimenta. Y así lo tapó. Los dos jóvenes lo seguían más de mil años, hasta que llegan con la luna y le dicen:

            - Hace miles de años que vino nuestro enemigo, pero usted lo tiene; entréguelo en las manos de nosotros, que nosotros lo vamos a matar, la luna dice al tigre: - No se mueva, los mellizos le dicen:

            - Si usted no lo entrega dentro de pocos días, el tigre la va a matar porque ellos mataron a nuestra madre.

            - No, no ha venido -dice la luna.

            - Pero la huella está acá -le contestaron los mellizos.

            Se cansaron de rogarle que entregara al tigre y se regresaron los dos jóvenes otra vez; casi cincuenta mil años de camino. El tigre se apoderó de la luna y la empezó a comer, y la luna les dice a los jóvenes:

            - Vuélvanse, que el tigre me come.

            Ellos hace más de cincuenta mil años que regresaron, pero pueden escuchar por su propia virtud, y volvieron otra vez con la luna. Y el tigre se volvió a esconder porque la luna le dice que se esconda, y engaña a los muchachos. Los jóvenes le dicen a la luna:

            - Cuando el tigre empiece a comerte habrá señales en la tierra y en el cielo; habrá un eclipse (Yagua). Entonces actualmente la gente se fija: cuando el tigre está comiendo a la luna se oscurece, se pone sangre, la sangre de la luna es. Estas son señales por los siglos hasta que termine la tierra.

            Los jóvenes dijeron que no eran dioses y dijeron que el zorro es diablo. Le dijeron a la luna:

            - Habrá un día en que la tierra se terminará y los demás descendientes recordarán que nosotros vinimos para defenderte y que tú escondiste al tigre; el tigre te seguirá comiendo y entonces nosotros ya no venimos. Esperamos tus noticias, nosotros regresamos, entonces nosotros miraremos hacia ti, tú tienes la culpa por no entregar al tigre. Pero va a llegar el tiempo en que no puedas volver a la tierra porque tú has aprisionado al tigre. Y nosotros pondremos la llave y el tigre no volverá más. Y esta será la señal que tendrá toda nuestra descendencia. Usted lo tiene escondido detrás de su vestimenta, acuérdese. Entonces caerá granizo (Amando), pero ese granizo no va a ser para refrescar la tierra, sino que será fuego. Entonces clamará el tigre. Usted se va a acordar de mí.

            Los mellizos están reprendiendo así a la luna.

            - Mandan el granizo. El sol también se cae, las estrellas también se caen como azufre. Entonces el tigre va a salir de abajo de su vestimenta. Pero acuérdese que usted tiene un gran culpable.

            Entonces los chicos regresaron a la tierra y se transformaron en el lucero y el otro en Tres Marías. Esa es la señal. Los dos jóvenes se convirtieron en estrellas grandes (lucero: Quembilia; Tres Marías: Yasotatobos). El lucero es ese que brilla.

 



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