La Batalla de Piribebuy fue librada en el marco de la Guerra de la Triple Alianza, contienda que tuvo lugar desde al año 1865 al 1869, entre los aliados: Brasil, Argentina y Uruguay que unieron sus ejércitos para luchar contra el Paraguay durante el gobierno de Francisco Solano López.
La posicin del reducto paraguayo para su defensa, no poda ser ms complicada. En Piribebuy nuestras tropas se atrincheraron en la manzana ocupada por la Iglesia y su plaza central; el corazn de la ciudad. La iglesia estaba asentada (an hasta hoy) en un extremo de dicha plaza y a su alrededor se encontraban las residencias o alojamientos de las autoridades principales. La puerta principal daba hacia el este, y en frente de ella, cruzando la calle estaban la Guarnicin y el Archivo Nacional. Al norte, siempre bordeando la manzana en cuestin y girando en contra de las manecillas del reloj, estaba en la esquina la casa de Mme. Lynch y en la misma manzana, pero en la otra esquina, la casa del Embajador estadounidense Mr. Mc Mahon. Al oeste, lo que sera la parte posterior del templo, solo caseros y al sur, la Comandancia y oficinas administrativas.
Por detrs de estas, el Cuartel de oficiales. La ubicacin exacta del hospital de sangre incendiado despus no se conoce con certeza, pero se cree que estuvo al este, pudiendo estar tanto dentro como fuera de la lnea de trincheras, pero en un punto apartado y cerca de un curso de agua que pasa por la zona.
La lnea de fortificacin hecha para la defensa rodeaba todo este sector, abarcando unas 15 manzanas en forma parecida a una media luna, donde la curvatura mayor daba hacia el norte y la del sur, era ms pequea.
El gran problema de nuestra posicin era que el terreno presentaba una pendiente relativamente pronunciada que iba bajando de norte a sur, por lo que se converta en blanco fcil para toda aquella artillera que se ubicase en la zona ms alta del terreno, o sea, al norte, hacia la curvatura ms grande de la media luna.
El 11 de agosto el Conde D'eu intimaba rendicin al comandante Caballero, la respuesta del coronel Pedro Pablo Caballero fue: "Estoy aqu para pelear y si es necesario morir; pero no para rendirme".
En la maana del 12 de agosto, el conde D'eu volvi a hacer otra comunicacin, esta vez, solicitando que se evace a las mujeres y nios que se encontraban dentro del reducto. Pero la verdad es que, desde la batalla de Lomas Valentinas acaecida en diciembre, mujeres y nios formaban un solo cuerpo con los hombres en aquel ejrcito de soldados. La nueva respuesta de Caballero ante este llamado, volvi a ser contundente: "Decid a vuestro jefe que las mujeres y los nios estn aqu seguros y que l mandar en territorio paraguayo cuando no haya uno que los defienda!".
Habiendo recibido la contestacin paraguaya, se desat el infierno. Comenz el bombardeo de cuarenta y tantos caones al mismo tiempo y dirigidos al mismo punto, diezmando a la poblacin. Despus inici el asalto cuerpo a cuerpo. Ya muertos o heridos la mayora de los defensores de la plaza, las mujeres armadas de fusiles, de piedras y vidrios, opusieron una resistencia tenaz. Despus de una lucha extenuante, se rindieron. El combate haba durado entre 4 a 5 horas. 20.000 soldados aliados; en su mayora brasileros, argentinos, uruguayos y la tristemente clebre "legin de paraguayos" (estos ltimos no haban participado del ataque a la ciudad, ya que estaban destinados a vigilar el camino que comunicaba a Azcurra), bien equipados, y nutridos, contra 1.600 o 2.000 dbiles defensores de todas las edades.
Una lucha de 5 horas, resumidas en unos renglones por supuesto que no puede, ni por asomo , revelar lo que fue aquella matanza, pero, como muestra de aquella atrocidad, sirve de ejemplo la ejecucin del comandante Caballero, en cuyas venas corra sangre del mismsimo Capitn Pedro Juan Caballero, ejecutor de la gesta independentista unas dcadas atrs. Tomado prisionero, lo ataron de pies y manos, lo estiraron y ataron por unos caones quedando su cuerpo suspendido en el aire.
Los soldados brasileros se turnaban para azotarlo, para posteriormente degollarlo en esa posicin, todo en frente de su esposa. O el caso del ya moribundo profesor guaireo Fermn Lpez, que se negaba a rendirse, tambin le cortaron la cabeza en uno de los corredores de la Iglesia.
Aquello fue un carnaval de sangre de proporciones dantescas, donde los bajos instintos de la soldadesca aliada, emergieron sin control alguno. Sed insaciable de sangre, robo, violaciones y hasta la quema de los documentos del archivo nacional para la coccin de sus alimentos"
El D'eu manch los blasones de su victoria y el blanco plumaje de su real estirpe, mandando degollar inmisericordemente a los cados"
Solo la enrgica protesta del general Mallet, detuvo las atrocidades. Sin embargo, el hospital de sangre ya estaba ardiendo irremediablemente con sus heridos adentro. Un espectculo horrendo.
De todo hubo en esa triste batalla de Piribebuy, menos humanidad.
Hoy se conmemora un aniversario ms de aquella inmisericorde masacre. Recordemos con respeto y homenajeemos a aquellos que les cupo vivir en esa poca y no dudaron en afrontar su suerte y hasta ofrecer sus vidas con valenta, orgullo y gallarda defendiendo su tierra ante la desgracia de la guerra.