El ataque aliado empezó con un bombardeo de los acorados del Almirante Tamandaré, que duraría varias horas y arrojaría contra las trincheras casi 5.000 bombas sobre las altas barrancas de más de tres metros, que hacían muy difícil ver el dispositivo paraguayo. El bombardeo duró cuatro horas y uno de los tiros logró impactar en un cañón paraguayo de 8 pulgadas que quedó dañado sobre la barranca
, matando a su servidor, el Mayor Albertano Zayas. Aún así, el acorazado “Brasil”recibió cincuenta tiros, quedando muy averiado y se retiró del combate; el “Tamandaré” recibió once impactos, el “Barroso”, trece, el “Lima Barros” quince, el “Bahía” acusó diecinueve impactos. La flota quedó seriamente averiada. A su vez, el Almirante Tamandaré en su parte del 24 de Septiembre de 1866, anota que tuvo treinta y tres marineros muertos.
Luego del bombardeo, el buque Almirante izó la bandera de ataque y las tropas brasileras y argentinas se lanzaron al asalto en cuatro columnas paralelas. Eran más de 18.000 soldados, mientras que el General Flores marchaba hacia San Solano, a la izquierda de Paso Pucú.
Cerca de las 13:00 horas las tropas de nuestra vanguardia ubicadas en la primigenea trinchera se retira a la línea principal. Esto alentó a los Aliados a avanzar. Cuando estaban a menos de mil metros, metidos hasta la cintura en las lagunas, los Aliados ven la línea de abatices y el alto terraplén y confiaban en las escales y fajinas que traían para escalarlas.
Pero al poco tiempo un estridente toque de clarín dió la orden de ataque y los 49 cañones paraguayos hicieron fuego. A las bombas se sumaron una docena de coheteras. Los soldados de la alianza rompen sus formaciones en columnas, puesto que la metralla le hacia enormes huecos. Llegaron ante los atabatices y allí pudieron ver a nuestros infantes asomarse por encima del parapeto para fusilarlos. En vano intentaron asalto tras asalto, menos de un centenar logro acercarse al borde de la trinchera, donde murieron irremediablemente. Antes de las 17:00 horas, el invasor se retiró a Curuzú en total desorden y derrota.
Los soldados de la Alianza fueron masacrados a boca de jarro sin poder subir a la trinchera ni vadear la laguna. El Coronel George Thompson anotó: las enormes piñas de los cañones de 8 pulgadas, causaban estragos a una distancia de doscientas a trescientas yardas. La mortandad fue enorme, afirmando los paraguayos que los aliados tuvieron 9.000 hombres fuera de combate entre muertos y heridos. Los aliados afirman que entre 4.300 y 4.500 hombres fueron sus pérdidas. Por su parte los paraguayos tuvieron menos de 100 bajas entre muertos y heridos.
La derrota de los Aliados fue total, su flota de guerra quedó maltrecha. El “Brasil” tuvo que ser retirado a Río de Janeiro para reparaciones mayores y no volvería aparecer hasta el año 1867 en el río Paraguay. Sus hombres quedaron diezmados al punto que las operaciones quedarían paralizadas por casi un año.
El trompa de orden Candido Silva, reventó el aire con su clarín anunciando la victoria. El General Díaz telegrafío al campamento de Paso Pucú el completo desastre del enemigo. ¡En toda nuestra línea el júbilo fue total! Curupayty lavó todas nuestras derrotas, Curupayty nos dió esperanza, Curupayty quedó grabada en el bronce y en la memoria de todos los paraguayos.
Hoy a 152 años de esta espléndida victoria, saludamos a nuestros héroes, ¡con una salva de aplausos!