Hermanitos asesinados habrían rogado para que no les maten

A lo largo del barrio San Miguel de Villarrica se podía sentir el profundo dolor ante la partida de cuatro miembros de la comunidad: el suboficial Hugo Armando Fariña, su esposa y sus dos hijos fueron asesinados de la manera más macabra. La escalofriante escena del hallazgo mostró que es uno de los crímenes más horrendos de los últimos tiempos.
Hermanitos asesinados habrían rogado para que no les maten

Dos de las víctimas fueron niños de apenas 12 y 6 años que, al ver que sus padres fueron asesinados, de acuerdo a la terrible escena del crimen, rogaron por sus vidas, pero acabaron llevándose la peor parte. Israel, el mayor de los hermanitos, fue hallado frente a la imagen de la Rosa Mística, en la pieza que compartía con sus padres.

El chico, ya arrodillado, intentó detener la bala que le sacó la vida, la misma que atravesó su palma y acabó en su rostro, seguido a ese disparo recibió otro en la cabeza. La muerte de Isabel fue inexplicable. Sus ganas de sobrevivir la llevaron a intentar huir, lo que le costó que se ensañaran de una forma tremenda. Hoy ella debía cumplir 7 años.

Frente a la puerta, la nena fue encontrada boca abajo con nueve heridas de arma blanca en la cabeza. Además presentaba signos de haber sido estrangulada y otras dos puñaladas en el cuello, una de ellas le produjo la rotura de uno de los huesos cervicales. María Villaverde, madre de los chicos, fue encontrada con su biblia en manos.

Ella recibió un impacto de bala en la cabeza, a la altura de la nariz. Hugo Armando, por su parte, recibió dos disparos en la cabeza, efectuados a media distancia, confirmó el médico forense Pablo Lemir, encargado de la inspección de los cadáveres.

Este hecho descarta la posibilidad que se manejó en algún momento de que él (Hugo) fuera el responsable del cuádruple asesinato y luego se quitara la vida. “Nadie se suicida de dos tiros en la cabeza”, afirmó Lemir. “A las cuatro y media escuché los tiros, pero ni me imaginé que iba a ser mi hijo.

Yo escuchaba al otro lado, era un revólver. Escuché dos veces seguidas y después más pausado. Se les mató demasiado mal, les jugaron mucho”, relató ayer Miguelina Baeza, madre del efectivo policial, con un rostro pálido que mostraba que no descansó nada en las últimas horas.

Fuente: Diario Extra